Depresión y feminicidios: cuando la salud mental y los valores sociales se entrelazan

FUENTE:https://listindiario.com/la-vida/20250902/depresion-feminicidios-reflejo-falta-valores_872524.html

El reciente artículo de Listín Diario plantea un vínculo que no podemos ignorar: la depresión y los feminicidios como reflejo de una crisis de valores en la sociedad dominicana. Más allá del titular, lo que se revela es la urgencia de abordar el fenómeno de la violencia de género desde un enfoque psicológico, preventivo y cultural.

La depresión: enfermedad silenciosa

La depresión es un trastorno del ánimo que afecta la manera en que las personas piensan, sienten y se relacionan con los demás. En contextos donde predominan el machismo, la presión económica y la falta de redes de apoyo, los síntomas depresivos no siempre se reconocen a tiempo. Lo preocupante es que muchas veces terminan manifestándose en violencia autodestructiva o heteroagresiva, con consecuencias fatales.

Feminicidio: el punto más extremo de la violencia

El feminicidio no surge de la nada. Es la culminación de una serie de patrones: control, celos, aislamiento, desvalorización, y finalmente agresión. Cuando estos patrones se cruzan con estados depresivos, consumo de alcohol u otras sustancias, el riesgo de que la violencia escale hasta la muerte se multiplica. Hablar de feminicidios implica hablar de salud mental deteriorada y de una cultura que sigue tolerando la violencia como forma de poder.

La dimensión de los valores

El artículo señala que detrás de estos hechos también está la pérdida de valores: respeto, empatía, responsabilidad afectiva. La psicología coincide en que los valores se forman desde la niñez, en la familia y en la escuela. Un niño que crece en un ambiente donde la agresión se normaliza o donde no se le enseña a gestionar sus emociones, tiene más probabilidades de reproducir esas conductas en la adultez.

¿Qué hacer?

Desde un enfoque psicológico, la prevención requiere múltiples niveles:

  • Detección temprana de la depresión, tanto en hombres como en mujeres, y acceso real a servicios de salud mental.

  • Educación emocional en las escuelas, para enseñar a reconocer, nombrar y gestionar emociones.

  • Campañas comunitarias que promuevan modelos de masculinidad positiva y relaciones basadas en respeto.

  • Acompañamiento psicológico en casos de violencia intrafamiliar, antes de que escalen a tragedias.

Reflexión final

La violencia contra la mujer y los feminicidios no pueden entenderse solo como crímenes aislados: son la expresión más dolorosa de una sociedad que no ha sabido cuidar la salud mental de sus miembros ni sostener valores de convivencia.
Enfrentar el problema exige invertir tanto en programas psicológicos como en procesos educativos y comunitarios. Porque cada feminicidio es más que una estadística: es una vida perdida, una familia rota y un recordatorio de que como sociedad estamos fallando en lo más esencial: la protección y el cuidado del otro.