¿Estás harto de las noticias de corrupción? La ciencia dice que es normal
En las últimas semanas, las noticias parecen un carrusel de escándalos: SeNaSa, Inabie, Supérate, Pasaportes… Una y otra vez, titulares sobre irregularidades nos bombardean hasta que ya no sabemos ni qué sentir. ¿Te da la sensación de que es un cuento de nunca acabar? Tranquilo, no eres el único.
Según la psicología social, esto tiene un nombre: fatiga cívica. Es ese agotamiento mental que sentimos cuando los problemas se repiten sin consecuencias claras. Al principio, la corrupción nos indigna, pero cuando se vuelve pan de cada día, poco a poco nos vamos volviendo indiferentes, cínicos, y sobre todo, desconfiados.
La trampa de “todos son iguales”
Cuando vemos un nuevo caso, muchos pensamos: “Ves, lo sabía. Todos los políticos son iguales”. Este tipo de pensamiento se llama sesgo de confirmación. ¿Qué significa? Que buscamos y nos quedamos con la información que ya confirma lo que creemos, y desechamos la que dice lo contrario. El problema es que esta forma de pensar nos mete en un círculo vicioso: si desconfiamos de todo, nos alejamos. Y si nos alejamos, los corruptos tienen el camino libre.
El costo de la impotencia
No es solo enojo lo que sentimos. También hay ansiedad, frustración y una sensación de no poder hacer nada. Es lo que los psicólogos llaman indefensión aprendida: la creencia de que, hagamos lo que hagamos, las cosas no van a cambiar. Sentir esto por mucho tiempo nos quita las ganas de participar y nos empuja a la apatía total.
El peligro de lo “normal”
Cuando hablamos de un nuevo caso de corrupción como “uno más”, estamos cayendo en el riesgo de normalizar lo que no es normal. Nuestra mente se acostumbra tanto a lo malo, que deja de alarmarse. La psicología nos advierte sobre esta habituación: si nos exponemos a algo negativo una y otra vez sin una solución, dejamos de reaccionar. Y eso es muy peligroso, porque perdemos la capacidad de exigir un cambio.
¿Cómo salimos de esto?
La solución no es solo legal, es también psicológica. Necesitamos un cambio de chip.
- En vez de indignarnos por un momento, debemos darle seguimiento a los casos.
- En vez de desconfiar de todos, debemos exigir rendición de cuentas.
- En vez de apatía, debemos movernos y participar.
En psicología, sabemos que la confianza no solo depende de los hechos, sino de que los procesos sean claros. Cuando vemos que hay reglas y que se aplican, la frustración baja y la esperanza sube.
En resumen, los escándalos de corrupción no son solo un problema de política o dinero; son un desafío para nuestra mente colectiva. Su repetición nos roba la confianza, debilita la esperanza y nos pone en el camino de normalizar lo inaceptable.
El reto es convertir esa fatiga en un motor de cambio.
